C Nivel de instrucción en seis municipios del Alto Mijares según el censo electoral de 1932 #2

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Un poco de historia

Hacia 3500 aC, los sumerios de Mesopotamia desarrollaron uno de los sistemas de escritura más antiguos conocidos llamado cuneiforme. Consistía en símbolos en forma de cuña impresos en mesitas de arcilla con un lápiz. Inicialmente, el cuneiforme se utilizaba para la conservación de registros y fines administrativos.

El alfabeto fenicio es uno de los sistemas de escritura fonética más antiguos de la historia y el ancestro de la mayoría de los alfabetos modernos, incluyendo el griego, el latín, el hebreo y el árabe. Nació hacia el siglo XV aC en la región de Líbano y Palestina, evolucionando a partir de jeroglíficos egipcios y de la escritura protosinaítica. Gracias a la red comercial de los fenicios, se esparció rápidamente por todo el mar Mediterráneo.

Los fenicios simplificaron los sistemas pictográficos y cuneiformes anteriores creando un sistema de 22 signos consonánticos. Se basaba en el principio acrofónico: cada símbolo representaba el primer sonido de un concepto cotidiano (por ejemplo, aleph significaba «bou» y representaba el sonido /ʔ/, dibujado como una cabeza de buey estilizado).

A través de las rutas comerciales en el Egeo, los griegos adoptaron el alfabeto fenicio. Como el griego era una lengua indoeuropea que necesitaba marcar vocales para no confundir significados reasignaron consonantes fenicias que no existían en griego para representar sonidos vocálicos.

Los colonos griegos llevaron su variante occidental a la península Itálica. Los etruscos lo adoptaron para su propia lengua y le extendieron por el centro de Italia, adaptando formas y simplificando sonidos que su idioma no distinguía. Los romanos tomaron el alfabeto de los etruscos (con influencia griega directa) y lo fijaron inicialmente en 21 letras mayúsculas.

Como ejemplo de su escritura se muestra una Tabula Hospitalis de Badalona que tiene unas medidas exactas de 44,55 cm de largo, 37 cm de ancho y 0,4 cm (4 mm) de espesor o profundidad. Además de sus dimensiones, la pieza de bronce tiene un peso considerable de unos 6 kilogramos (concretamente 6,05 kg). En la parte superior incluye un asa articulada que servía para transportarla y tiene cuatro agujeros (uno en cada ángulo) para poder colgarla con llaves en la pared de forma pública. Es una placa de un gran valor histórico y jurídico que conmemora el pacto de hospitalidad y patronaje firmado entre los baetulonenses (los badaloneses de la época) y el patricio romano Quint Licini Silvà Granià en el año 98 d.

IMP NERVA CAESAR. TRAIANO
AVG. GERM. II
C. POMPONIO. PIO CUERPO
VI IDVS IVNIAS
BAETVLONENSES EX HISPANIA CITERIO
RE. HOSPITIVM FECERVNT
CVM Q LICINIO SILVANO GRANIANO
EVMQVE LIBEROS POSTEROSQVE
EIVS SIBI LIBERIS POSTERESQVE (sic)
SVIS PATRONVM COOPTAVERVNT
Q. LICINIVOS SILVANVS GRANIA
NVS BAETVLONENSES EX HIS
PANIA CITERIORE IPSOS LIBE
RUBIO POSTEROSQVE EORVM . IN
FIDEM CLIENTELAMOVE (sic) SVAM
LIBERORVM POSTERORVM
QVE SVORVM RECIPIDO (sic)
EGIT LEGATVS
Q CAECILIVOS TERTVLLVS

Bajo el emperador Nerva César Trajano
August Germánico por segunda vez
y Gay Pomponi Pius, cónsules,
el sexto día antes de los idus de junio
los baetulonenses de la Hispania Citerior
hicieron hospitalidad
con Quint Licini Silvà Granià,
ya él, ya los hijos y descendientes
de él, para sí mismos, para los hijos y descendientes
suyos, le cooptaron como patrón.
Quinto Licini Silvà Granià
a los baetuloneses de la Hispania
Citerior, a sí mismos, a los hijos
y descendientes de ellos, en
su fidelidad y clientela,
y en la de sus hijos y descendientes,
los recibió.
Actuó como legado
Quinto Cecilio Tertulo.

Joan Gené – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Enlace

Con la expansión del Imperio Romano, este alfabeto se convirtió en el vehículo administrativo de Europa occidental. En la Grecia clásica y en el Imperio Romano, el dominio de la cultura escrita constituía un privilegio circunscrito a las élites políticas, administrativas, militares y mercantiles urbanas.

Este panorama se mantuvo prácticamente inalterado hasta que hace quinientos años la fractura religiosa en el seno del cristianismo dio lugar a la Reforma protestante. El protestantismo postuló el derecho de todo fiel a acceder a la lectura directa de la Biblia ya interpretarla de forma autónoma; como consecuencia, se hizo indispensable la creación de una red de escuelas abiertas tanto a niños como a niñas.

La enseñanza de la lectoescritura, hoy reconocida como derecho humano fundamental, ha sido un proceso histórico desigual que empezó a consolidarse en Europa a partir del siglo XVI, con ritmos y cronologías muy dispares según el territorio.

Figura 1.
Pintura de Jan Havicksz Steen (hacia 1665) que representa el castigo a un alumno en una escuela de los Países Bajos.

Por el contrario, el catolicismo contrarreformista reafirmó la mediación sacerdotal como única vía de acceso a las Escrituras, de modo que priorizó la transmisión oral del dogma, la enseñanza catequética y la liturgia en detrimento de la lectura directa del texto sagrado por parte de los laicos.

Fue a raíz de la Revolución Francesa, 1789 – 1799, que muchos países empezaran a legislar para hacer obligatoria la educación primaria.

El juramento de las Cortes de Cádiz en 1810

Con el apoyo de los liberales en la Constitución de Cádiz de 1812, llamada la Pepa, se incluyó el artículo 355 del capítulo IX, donde se decía: «En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles».

By José Casado del Alisal – [1], Dominio público, Link

Aun así, no fue hasta cuarenta y cinco años después que se aprobó la primera gran norma estatal, la conocida como Ley Moyano (1857). Esta regulación consagró la obligatoriedad de la enseñanza primaria, estableció un currículum unificado, ordenó la formación del magisterio y diseñó la estructura de la red escolar, manteniendo la vigencia básica hasta el advenimiento de la Segunda República. Sin embargo, la falta crónica de dotación presupuestaria y de compromiso político limitó gravemente su aplicación efectiva sobre el terreno.

El texto legislativo confería un papel hegemónico a la Iglesia católica e imponía el castellano como lengua de instrucción exclusiva. Asimismo, restringía la gratuidad exclusivamente a las familias sin recursos e institucionalizaba la segregación por género mediante currículos diferenciados: mientras los niños tenían acceso a materias científicas y técnicas, la enseñanza femenina subordinaba estos contenidos al aprendizaje de las llamadas «labores propias del sexo» ya la administración del hogar.

La alfabetización en Europa occidental hacia 1900

La figura 2 refleja la notable disparidad en los niveles de alfabetización a escala europea hacia 1900. Se constata con claridad cómo los estados que abrazaron la Reforma protestante alcanzaron antes la plena lectoescritura en comparación con aquellos que permanecieron bajo la influencia de la ortodoxia católica.

A principios del siglo XX, países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Reino Unido, Países Bajos y Suiza exhibían niveles de alfabetización cercanos al 97%. En contraste, la tasa en España apenas alcanzaba el 36,2% del conjunto de la población en 1900, con una profunda fractura de género: un 44,2% en los hombres frente a un escaso 28,6% en las mujeres.

Figura 2.
Porcentaje de alfabetización en Europa occidental en 1900.

((https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000383171.locale=en))

La educación en España a principios del siglo XX

Las series periódicas de los censos de población iniciadas en 1857 constituyen la fuente fundamental para determinar el grado de alfabetización de la sociedad española.

En 1926, el Museo Pedagógico Nacional publicó la obra monográfica El analfabetismo en España, a cargo del inspector Lorenzo Luzuriaga. En este estudio se catalogaban y analizaban los datos de lectoescritura procedentes del censo estatal de 1920, según los cuales la población española ascendía a 21.338.381 habitantes, de los que 11.145.444 (un 52,2%) constaban como analfabetos.

En la introducción de la obra, Luzuriaga subraya que España ocupaba los últimos lugares de Europa en materia de instrucción pública. La escala ascendente de analfabetismo situaba a los pueblos escandinavos al frente de los más alfabetizados, seguidos de los territorios germánicos, anglosajones, latinos y eslavos. Entre estos últimos, la gradación la componían, por este orden: Bélgica, Francia, Italia, España, Rumanía y Portugal. Dos vectores explicativos principales justificaban esta asimetría: por un lado, la incidencia de la Reforma protestante y, por otra, estrechamente vinculada a la anterior, el grado de industrialización.

Alfabetización según la edad

El cruce de las variables de edad y alfabetización a partir del censo de población de 1920 ponía de manifiesto una correlación directa: a mayor edad, mayor era la tasa de analfabetismo. Este patrón generacional reflejaba la progresiva expansión de la instrucción primaria entre las cohortes más jóvenes a lo largo de las décadas precedentes.

El segmento inicial de la curva en la figura 3 no debe interpretarse como un retroceso en el rendimiento escolar de las cohortes más jóvenes. Responde, sencillamente, a que buena parte de los niños de entre 11 y 15 años se encontraba todavía en proceso de aprendizaje, una adquisición de la lectoescritura que a menudo se consolidaba más adelante mediante escuelas de adultos o cursos nocturnos.

Tal y como se desprende de la figura 3, el ritmo de descenso interanual del analfabetismo se situaba en torno a un 0,4%. De mantenerse esta tendencia secular, la tasa de analfabetismo habría alcanzado un residual 4% hacia el año 1984.

Diferencias territoriales entre provincias

La dinámica de la alfabetización en el Estado español se caracterizaba por una acusada asimetría territorial, una realidad que Luzuriaga ya había puesto de manifiesto en su análisis del censo de 1920. Una década después, el censo de 1930 confirmaba la persistencia de estas disparidades interprovinciales, a pesar de un retrocesal generalizado del Estado.

A partir de ese registro censal, la figura 4 evidencia la profunda asimetría geográfica de la instrucción pública, con un abanico provincial de tasas de analfabetismo que oscilaba entre el 22% de los territorios más alfabetizados y el 62% de las demarcaciones más atrasadas.

Se evidenciaba una clara fractura norte-sur, con registros sensiblemente más desfavorables en la mitad meridional del Estado. En cambio, Madrid, Castilla la Vieja, Asturias, Cantabria, Cataluña y País Vasco concentraban las cifras más bajas de analfabetismo.

Asimismo, Luzuriaga puso de manifiesto que las tasas de analfabetismo eran sistemáticamente superiores al entorno provincial respecto a las respectivas capitales, al tiempo que constató notables asimetrías comarcales dentro de una misma demarcación.

Diferencias en el nivel de instrucción entre hombres y mujeres

En el marco de este análisis estatal, Luzuriaga puso de relieve la marcada brecha de género en cuanto a la alfabetización en detrimento de las mujeres. Según el censo de población de 1930, las tasas de alfabetización se situaban en el 49% para los hombres y en el 36% para las mujeres; una diferencia de trece puntos porcentuales que en los contextos rurales tendía a duplicarse o incluso triplicarse.

Como reflejo de los obstáculos estructurales que limitaban el acceso femenino a la educación, la tabla 1 recoge la distribución por sexos del alumnado matriculado en la Universidad de Valencia durante el curso académico 1926-1927. En conjunto, de las 275 mujeres matriculadas (frente a 2.224 hombres), el 79,6% se concentraba exclusivamente en ramas de asistencia y cuidados (Comadronas y Practicantes), mientras que el acceso a las carreras superiores tradicionales seguía siendo prácticamente residual.

Brecha de género por provincias

En todas las provincias, el analfabetismo femenino era superior al masculino, aunque con diferentes intensidades según el territorio. Cuanto más alejado se encuentra un punto de la bisectriz, mayor es la brecha entre ambos sexos. Al hacer clic sobre cualquier punto, se despliegan el nombre de la provincia y las respectivas tasas de analfabetismo de hombres y mujeres.

Las asimetrías provinciales entre sexos se diluyen frente a la marcada heterogeneidad que se observa a escala local. Según el censo de población de 1930 en la provincia de Castellón, un único municipio, Espadella -y con un margen mínimo-, presentaba una tasa de alfabetización femenina superior a la masculina. En el otro extremo, la Torre de Besora registró la brecha más pronunciada, con una distancia de 34 puntos porcentuales a favor de los hombres.

Relación entre asistencia escolar y analfabetismo

Luzuriaga puso de relieve otro factor clave de la instrucción pública: la dotación de centros escolares por habitante en las diferentes demarcaciones, mostrando una clara correlación inversa con la tasa de analfabetismo.

Sin embargo, el cruce de los datos del censo de población de 1930 con el Anuario Estadístico de 1932 demuestra que, más que la densidad de escuelas, el principal vector explicativo era la asistencia escolar efectiva. El modelo de regresión revela una correlación inversa y estadísticamente significativa, en la que la tasa de asistencia explica por sí sola el 43,6% de la varianza del analfabetismo territorial.

La alfabetización en el territorio castellonense

En 1930, la provincia de Castellón se situaba en la media estatal en lo que se refiere a la dotación escolar; sin embargo, ocupaba el trigésimo sexto puesto en tasa de analfabetismo. En la demarcación de Castellón, la tasa de absentismo escolar alcanzaba el 33,9% en 1932, un valor que se alineaba con la media estatal de asistencia en las aulas.

En proporción al número de escuelas disponibles, presentaba un volumen de analfabetos anormalmente elevado, lo que apunta a factores estructurales como el absentismo escolar o la fuerte dispersión de la población en hábitats diseminados.

Por otra parte, el censo de población de 1930 pone de manifiesto una acusada fragmentación territorial de la instrucción pública en las comarcas castellonenses. En el ámbito comarcal, el Alto Palancia —con cabecera en Segorbe— exhibía la tasa de analfabetismo más baja (44,1%), en contraste con Alcalatén y cabecera en Alcora, que encabezaba el registro provincial de analfabetos con un 60,1%. En el plano municipal, los valores extremos oscilaban entre el 26,7% de analfabetos registrados en Soneixa (Alt Palancia) y el 79,4% en Benafigos (Alt Maestrat).

El marco legal establecía la segregación escolar por sexos, con centros y cuerpos docentes diferenciados para niños y niñas. En los núcleos de población reducida, donde la dotación no permitía desdoblar las aulas, se autorizaba la escuela mixta unitaria, en la que un solo maestro o maestra atendía simultáneamente a un alumnado heterogéneo en edades y niveles de aprendizaje.

Los censos electorales como registro histórico

Los primeros censos electorales se desarrollan en España en el marco del liberalismo moderado (1834-1846). La ley electoral de 24 de mayo de 1836 ya establecía explícitamente la formación de «listas de electoras». El artículo 9 disponía que las diputaciones provinciales debían formarlas con la información de los ayuntamientos. Y el artículo 11 especificaba que debían contener:

  • nombre
  • domicilio
  • cuota de contribución
  • profesión o cargo, cuando éste daba derecho al voto.

Ley Electoral de 26 de junio de 1890 estableció el sufragio universal masculino). Al establecer el sufragio para todos los hombres mayores de veinticinco años, la ley creó un registro censal permanente con cargo al Instituto Geográfico y Estadístico y de las juntas municipales. Los modelos oficiales de listas electorales incorporaron de forma estandarizada columnas fijas de identificación: nombre, edad, estado civil, profesión, domicilio y la casilla explícita de si se sabía leer y escribir.

Los censos o registros electorales nominales que se fueron realizando constituyen una fuente de datos demográficos que tienen un valor excepcional. Mientras que los censos de población proporcionaban datos agregados a nivel municipal, el censo electoral permite ir más allá y analizar la información a nivel inframunicipal, llegando al detalle del mismo domicilio o hogar familiar. Como se comprobará más adelante, el lugar en el que vives se convertirá en un factor clave para acceder a la educación.

Durante la dictadura de Primo de Rivera se confeccionaron dos censos electorales: el de 1925 y el de 1928. El director general de Administración, José Calvo Sotelo, había impulsado el Estatuto municipal de 1924 (real decreto ley), mediante el cual se reconocía el derecho de voto a las mujeres mayores de veintitrés años. Esta medida no tuvo trascendencia electoral efectiva por la ausencia de comicios durante el régimen, pero permitió que, por vez primera en los censos nominales, figurara un grupo de mujeres.

El censo de Sucaina de 1925 registra 260 hombres mayores de veintitrés años y 58 mujeres, la más joven de las cuales tenía veinticinco años. Con la única excepción de una criada y una maestra, la totalidad de las mujeres inscritas constaban con la ocupación de «Labores». Las mujeres figuraban separadas del cuerpo principal en un apéndice final. Este documento recogía para cada elector las siguientes variables: nombre, edad, domicilio, profesión y condición de alfabetización (si sabía leer y escribir).

Figura 8.
Detalle del censo electoral de Sucaina de 1925

La Segunda República se proclamó a raíz de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, después de que el triunfo de las candidaturas republicanas en las grandes ciudades precipitara la salida del rey Alfonso XIII. Posteriormente, la Constitución aprobada el 9 de diciembre de 1931 estableció en el artículo 36: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinan las leyes». Por primera vez en España, hombres y mujeres accedían al sufragio en condiciones de plena igualdad.

El censo electoral de 1932

Desde el punto de vista de la historia de la educación en España, 1932 será un momento clave. Es en el primer bienio de la Segunda República cuando se hizo el mayor esfuerzo institucional para alfabetizar el mundo rural y construir escuelas públicas a través de las Misiones Pedagógicas y los planes de reforma educativa.

El primer censo electoral elaborado durante la Segunda República registraba para cada individuo el nombre, edad, sexo, domicilio, empleo y nivel de instrucción. Se ha seleccionado específicamente esta fuente para la presente investigación al permitir analizar minuciosamente, por primera vez, los datos de hombres y mujeres en igualdad de condiciones y con una desagregación inframunicipal inexistente en los censos generales de población.

A modo de ejemplo sobre la estructura de estos registros, se ha reproducido la cabecera del primer folio del censo de Sucaina. Cada municipio del Estado contaba con su propio documento y, en aquellos casos con un elevado volumen de electores, el término municipal se subdividía en distritos y secciones electorales.

Figura 9. Cabecera de la primera hoja del censo electoral realizado en Sucaina en 1932

Objetivos del estudio

  1. Sintetizar la evolución histórica del proceso de alfabetización en Europa.
  2. Contextualizar el estado de la alfabetización en España durante el primer tercio del siglo XX.
  3. Analizar el impacto de las variables sociodemográficas (género, edad, lugar de residencia y profesión) en los niveles de alfabetización de seis municipios del Alto Mijares a partir del censo electoral de 1932.

Material documental

El censo electoral confeccionado a nivel estatal a mediados de 1932 constituye la fuente documental primaria de este estudio. También se han utilizado datos del censo de población en España de 1930 y los del Anuario Estadístico de España de 1932 que cuelgan del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Métodos

La extracción de los datos de los censos electorales se ha realizado mediante la digitalización de las fuentes documentales y el posterior procesamiento por reconocimiento óptico de caracteres (OCR). Este procedimiento ha combinado la supervisión humana y la asistencia computacional, apoyada por el modelo de inteligencia artificial Gemini como herramienta central de transcripción e interpretación.

Hay que advertir el riesgo de inexactitudes derivadas del proceso de transcripción, a las que hay que sumar las carencias intrínsecas de la propia fuente documental. La elaboración de los censos corría a cargo de agentes foráneos que desconocían la realidad territorial y la toponimia local, circunstancia que propiciaba la castellanización sistemática de los antropónimos o, incluso, la consignación de datos inventados.

El tratamiento de los datos se ha desarrollado mediante varios paquetes de software: Excel y JMP para la tabulación y el análisis estadístico inferencial (para todos los análisis estadísticos se estableció un nivel de significación estándar α = 0,05); la plataforma online Datawrapper para la generación de tablas dinámicas y gráficos de sectores; y el software de sistemas de información geográfica QGIS para la representación cartográfica.

Los domicilios de los electores se han clasificado territorialmente por municipio y, en un segundo nivel, según la tipología de hábitat: núcleo principal, pedanía (agregado rural con entidad suficiente para disponer de escuela y maestro) o hábitat disperso (masías y asentamientos aislados).

Para todos los análisis estadísticos se estableció un nivel de significación estándar α = 0,05.

Ámbito territorial: los seis municipios de estudio

El estudio engloba a 6 de los 22 municipios de la comarca del Alt Miralles: Aranyel, el Castillo de Vilamalefa, Cortes de Arenoso, Ludiente, Vilafermosa y Sucaina.

El Alto Mijares es una comarca del interior montañoso de Castellón, definida por un relieve abrupto y altamente boscosa articulada en torno a la cuenca del río Mijares. Este hecho configura un patrón de población muy disperso en pueblos, pequeños núcleos o pedanías y masías que muchas veces también eran pequeñas agrupaciones de casas que llamaban caseríos. «Así, a la hora de analizar la distribución del analfabetismo, se entiende por hábitat o residencia el lugar específico donde residía el elector, categorizado en tres tipologías: el núcleo principal (o pueblo propiamente dicho), la pedanía o aldea, o el diseminado/masía.

La mesa pone de manifiesto la notable fragmentación del asentamiento rural de estos pueblos. Vilafermosa destaca como el término más extenso (108,9 km²) y con mayor número de masías (98), presentando junto con el Castillo de Vilamalefa las densidades de poblamiento diseminado más altas (alrededor de una masía por kilómetro cuadrado). Por el contrario, Aranyel es el municipio con menor número de masías (6) y una dispersión menor (3,2 km² por masía).

La economía de estos municipios giraba fundamentalmente en torno al trabajo de la tierra y de la cría de ganado, orientados sobre todo al autoconsumo o al pequeño comercio local. Hacia 1932 ya llevaban años funcionando centrales hidroeléctricas aprovechando los cursos fluviales. En los núcleos urbanos había tiendas de ultramarinos y productos básicos, además de alguna carnicería, panaderías y las inevitables tabernas. Desde las masías, los desplazamientos al pueblo se limitaban a días señalados de fiesta, asistencia a misa los domingos y días de guardar oa compras puntuales.

En la figura 7 se cartografían los municipios del Alto Mijares y su poblamiento diseminado (masías), incorporando las pedanías exclusivamente en los seis municipios de estudio. Si se amplía el mapa, se despliegan los topónimos de cada masía. Conviene destacar la notable disparidad en la densidad de masías que presentan los municipios situados en el norte o sur del curso del río Mijares.

Figura 7.
Mapa de las masías, pedanías y municipios en el Alto Mijares.

Resultados

La población de Castellón en el censo estatal de 1930

La población total de la provincia de Castellón ascendía a 271.955 habitantes distribuidos en 141 municipios. La capital concentraba 36.781 que, sumados a los de Almassora, Villarreal y Burriana, representaban el 28,8% del total provincial.

La pirámide poblacional mostraba todavía la forma expansiva típica de las sociedades preindustriales, previa al proceso de transición demográfica que ha configurado la sociedad actual.

La edad media se situaba en los veintisiete años para los varones y en los 28 para las mujeres. Estas cifras reflejan la estructura eminentemente joven de esa sociedad y contrastan con el escenario demográfico actual, en el que la edad media en la provincia de Castellón supera ya los cuarenta y cuatro años.

Datos demográficos de los seis pueblos en el censo electoral del año 1932

En ese censo, el total de electores de los seis pueblos fue de 4.394, distribuidos en 2.249 hombres (51,2%) y 2.145 mujeres (48,8%).

Número de electores por municipio

En la tabla 3 se recoge el volumen y la proporción de electores sobre el conjunto de la población. Vilafermosa constituía, con diferencia, el término más poblado del grupo.

Distribución de hombres y mujeres por municipio

Se observa un ligero predominio masculino en el conjunto de estos municipios (104 hombres más que mujeres), lo que representa una distribución del 51% de varones y del 49% de las mujeres. Aunque se aprecian pequeñas oscilaciones en este ratio según el municipio, ninguna de estas diferencias llega a ser estadísticamente significativa.

Distribución de los electores por municipio y lugar de residencia

En la tabla 4 se muestran el número de electores por municipio y tipos de residencia que ponen de manifiesto el alto grado de dispersión de la población.

En términos globales, el 45% de los electores residía en masías, mientras que las pedanías reunían un 14% del total y los núcleos urbanos (o pueblos propiamente dichos) concentraban el 41% restante.

Existen diferencias notables entre municipios, Aranyel era un caso excepcional con sólo un 10% del electorado viviendo en masías. En sentido contrario, Vilafermosa con un 61% y el Castell de Vilamalefa con un 57% de sus vecinos viviendo en masías. La pedanía más numerosa era San Vicente de Pedrafita que era casi tan grande como Cortes de Arenoso.

Edad de los electores por municipios

Ni existen diferencias significativas en la edad de los electores entre los seis municipios. Este hecho es importante dado que la edad está relacionada con el analfabetismo y, por tanto, podemos descartar la edad a la hora de comparar tantos por ciento de analfabetos entre pueblos.

La edad registrada más joven es veintidós años y la mayor noventa y cuatro años. La estructura por edades refleja una población joven, en la que el grupo de entre 22 y 39 años es el más numeroso y concentra el 44,3% del total de los electores.

Edad de los electores de cada sexo

Teniendo en cuenta que los electores eran individuos de veintidós o más años, la media de edad de los hombres era de 44,2 años, algo por debajo de la de las mujeres que era de 45,3 añoss. Aunque sólo en Ludiente la diferencia de edad entre sexos llegaba a adquirir valores de certeza matemática (p < 0,05), es curioso señalar que en los seis municipios, sin excepción, la media de edad de las mujeres era superior a la de los hombres. Esto habla de una constante subyacente de fondo (mayor esperanza de vida femenina en la edad adulta y vejez).

Edad de los electores según el hábitat dentro del municipio

Los resultados de comparar la edad de los electores según el lugar en el que vivían indican un patrón demográfico claro: el Núcleo concentra una población significativamente más envejecida, media de edad 46,4 años, mientras que las Pedanías y las Masías presentan estructuras de población ligeramente más jóvenes (medias de unos 42,7 y 43,8 años respectivamente).

Las profesiones de los electores

El análisis de la estructura socioprofesional revela que la práctica totalidad de las mujeres figuraba bajo la rúbrica genérica de Labors, un eufemismo administrativo que invisibilizaba la multiplicidad de tareas productivas y reproductivas que asumían. Entre los hombres, el sector agrario era abrumador: campesinos y jornaleros sumaban el 92% del total. El porcentaje restante se distribuía entre un reducido número de profesionales (licenciados, funcionarios y curas), artesanos de oficios esenciales (comerciantes, albañiles, herreros, carpinteros, molineros y panaderos), además de algunos pocos propietarios, rentistas o jubilados.

En el caso de los hombres podemos ver las distintas profesiones recogidas en este censo de 1932 en la tabla 4.

Tabla 5. Relación de profesiones entre los electores masculinos en el censo de 1932

Licenciados y funcionariosTécnicosOficios manualesOtrosAgricultores
FarmacéuticoAlguacilBasteroEstudianteJornaler
Juez municipalCarteroCamareroPensionistaLabrador
MaestroComercianteCapatazPropietario
MédicoEscribienteCarniceroRetirado
PadreIndustrialCastrador
Secretario AyuntamientoPracticanteDependiente
RadiotelegrafistaAlpargatero
RelojeroFerrer
ChóferPanadero
Carpintero
Molinero
Paleta
Pastor
Cantera
Peón Camino
Peluquero
Portero
Sastre
Tratando
Vigilante

La distribución de la profesión de los electores según su residencia en el núcleo, pedanía o masía muestra que salvo jornaleros y campesinos el resto se localizaba mayoritariamente en los núcleos urbanos.

Habiendo excluido la categoría de labores en la representación de estos datos como porcentajes, en la figura 12, nos permites captar mejor la distribución de las profesiones en los distintos hábitats.

Escuelas y número de maestros

Los censos electorales de estos seis municipios del Alto Mijares de 1932 registran un total de 23 maestros (12 maestros y 11 maestros), cuya distribución por términos y tipología de hábitat se recoge en la tabla 7. Se ha computado un docente en la categoría de «masía» en Vilafermosa. la ermita de San Bartolomé durante la dictadura de Primo de Rivera.

En la figura 13 se presenta la estimación de la población escolar (de 6 a 12 años) y el ratio resultante de alumnos por maestro según la tipología de hábitat. Se aprecia claramente el elevado ratio registrado en Sucaina. Por el contrario, Aranyel ofrecía la tasa más baja para la infancia del núcleo principal y compartía con Ludiente las cifras más favorables a las pedanías. En estos registros censales no figura ningún docente destinado a las masías, a diferencia de lo que ocurriría años después. En cualquier caso, el número de maestros y el ratio de alumnos por maestro en 1932 no puede aportar información sobre una posible relación con el grado de alfabetización de la población estudiada.

El analfabetismo en los seis municipios en el censo de 1932

Cabe recordar que el censo electoral de estos seis pueblos de 1932 registraba un total de 4.394 electores, entre ellos 3.078 (el 70,0%) eran analfabetos.

La alfabetización por sexo

El analfabetismo afectaba al 81,4% de las mujeres y al 59,2% de los hombres.

Estas cifras no sólo confirman la elevada tasa de analfabetos rurales de la época, sino también una desigualdad de género estructural muy acusada, que dejaba a la gran mayoría de las mujeres prácticamente excluidas de cualquier acceso a la cultura escrita.

Analfabetismo según la edad y el sexo de los electores

Tal y como ya vemos en la figura 3 el analfabetismo era mayor cuanto mayor era el individuo. La figura 15 confirma que el analfabetismo estaba estrechamente ligado al relieve generacional, hecho que pone de manifiesto una tímida pero progresiva escolarización a lo largo de las primeras décadas del siglo XX. A pesar de esta mejora general, la brecha de género se mantenía inquebrantable en todas las edades: la línea femenina discurría sistemáticamente unos veinte puntos por encima de la masculina.

Analfabetismo según la profesión

Este análisis debe circunscribirse necesariamente a la población masculina, dado que el 98% de las mujeres figuraba bajo la categoría genérica de «Labores» y sólo un 0,6% constaba con estudios superiores o titulación profesional, mayoritariamente maestros.

Tipo de asentamiento y analfabetismo

Al cruzar el nivel de instrucción con la tipología de hábitat, se pone de manifiesto una fuerte correlación positiva entre el aislamiento geográfico y el analfabetismo. En la totalidad de los municipios se evidencia un patrón claramente escalonado: las tasas más bajas de analfabetismo se concentran en los núcleos principales (con valores comprendidos entre el 39% y el 61%), se incrementan en las pedanías y culminan en los máximos históricos en el medio diseminado.

Por lo que respecta a los diagramas de sectores de la figura, conviene precisar que el tamaño de cada sector refleja el volumen total de electores según la tipología de hábitat, mientras que los valores porcentuales indican la proporción de analfabetos en cada uno de ellos.

En estos hábitats dispersos, el analfabetismo se vuelve completamente estructural y roza o supera el 84%. Estos datos demuestran que la dispersión de la población en masías actuó como barrera casi insalvable para la escolarización rural.

Los niveles más altos de alfabetización en el ámbito de los principales núcleos se concentran en Aranyel y Lludient. En cuanto a las pedanías, la peor situación se observa en Bibioj (Vilafermosa) y en Cedraman (el Castillo de Vilamalefa). En estas dos aldeas, los registros de alfabetización convergen prácticamente con los de las masías diseminadas, con un diferencial mínimo de tan sólo un 4% y un 6%, respectivamente.

Lugar de residencia en los núcleos urbanos y analfabetismo por sexos

El cruce multivariable entre género, término municipal y tipología de hábitat que se presenta en la figura 18 evidencia de nuevo el impacto acumulativo de una doble brecha: la territorial y la de género. La disparidad educativa entre hombres y mujeres se perpetuaba de forma transversal en cualquier tipo de asentamiento.

Así pues, si bien las mujeres de las masías sufrían los niveles de alfabetización más bajos en términos absolutos, la brecha de género relativa resultaba más desgarradora en los núcleos principales, donde la proximidad física de la escuela no impedía una fuerte segregación. Las situaciones más extremas se registraban en los pueblos del Castillo de Vilamalefa y Cortes de Arenoso, con un diferencial respecto a los hombres del 37% y del 35%, respectivamente.

Lugar de residencia en las pedanías y analfabetismo por sexos

La figura 19 muestra los resultados para los electores que vivían en las pedanías. Sucaina está ausente, ya que no hemos identificado ninguna agregación de domicilios que pudiera llamarse pedanía. En cuatro de los cinco municipios (Castillo de Vilamalefa, Cortes de Arenoso, Lludient y Vilafermosa), el analfabetismo femenino en las pedanías se sitúa entre el 87% y el 93%. El acceso de la mujer a la instrucción básica era prácticamente inexistente en estas aldeas.

En el Castillo de Vilamalefa y Vilafermosa, la diferencia porcentual hombre-mujer es más estrecha (10–12 puntos), no por una mayor alfabetización femenina, sino por el altísimo índice de analfabetismo entre los hombres. Aranyel destaca por tener la tasa masculina más baja de la muestra (43%), pero mantiene una brecha contundente con las mujeres (77%, diferencia de 34 puntos).

Lugar de residencia en las masías y analfabetismo por sexos

Esta figura 20 muestra el extremo de la vulnerabilidad educativa en el territorio: el hábitat en masías -el entorno más disperso y aislado- representaba el escenario con los niveles de analfabetismo más altos de todo el censo de 1932.

En todos los municipios, el analfabetismo femenino oscila entre el 94% y el 98% (llegando al 98% en Castillo de Vilamalefa, Sucaina y Vilafermosa, y al 97% en Cortes de Arenoso). Entre las mujeres que residían en masías, saber leer y escribir era algo estrictamente testimonial y excepcional (un 2–6% de la población electoral femenina).

A diferencia de los núcleos urbanos o incluso de las pedanías, el analfabetismo masculino en las masías sube a valores críticos, situándose entre el 72% (Cortes d'Arenós) y el 88% (Aranyel). Todos los municipios superan el 70% de hombres analfabetos, con cuatro de ellos por encima del 77% (el Castillo de Vilamalefa 77%, Ludiente 77%, Sucaina 81%, Vilafermosa 83% y Aranyel 881).

Número de electores y porcentaje de analfabetos por masía

En la figura 21 se puede ver, asentamiento por asentamiento, cuántos electores existían en cada uno y cuántos de éstos eran analfabetos.

Bajo la premisa de que la población escolar acudía habitualmente al centro más cercano a su domicilio, se ha modelizado la distancia mínima entre cada masía y la escuela más cercana, que no siempre coincidía con el mismo término municipal. Conviene matizar, sin embargo, que este cálculo constituye una aproximación teórica, dado que concurrían otros factores de accesibilidad o de red vecinal que podían condicionar la elección del centro.

Figura 21.
Mapa de las masías, distancia a la escuela más cercana, número de electores y porcentaje de analfabetos.

Una visión de conjunto

Para analizar la influencia de cada una de las variables del censo sobre la probabilidad de ser analfabeto, controlando el efecto de las demás, se ha utilizado la regresión logística como herramienta estadística.

Cuando analizas variables como la edad, el sexo, el hábitat y la profesión de forma independiente, se corre el riesgo de sufrir lo que en estadística se llama efecto de confusisó. Por ejemplo, si detectas que una determinada profesión tiene una tasa de analfabetismo muy alta, ¿es realmente por la profesión en sí, o es porque esta profesión la ejercía mayoritariamente gente de edad avanzada o del hábitat rural más disperso?

Hemos desarrollado dos modelos de regresión logística. El primero es un modelo general para el conjunto de los 4.394 individuos de los censos electorales de estos seis pueblos. La variable dependiente binaria es si el elector sabía leer y escribir o no. Las variables independientes de este primer modelo son el municipio, hábitat, edad, sexo y variable de interacción sexo y hábitat. El hecho de que casi todas las mujeres tuvieran asignada la profesión de labores impide evaluar la profesión como predictora del analfabetismo. º

El segundo modelo ha sido pensado para evaluar en los hombres agricultores y jornaleros el efecto de la profesión sobre la probabilidad de ser analfabeto. El modelo de los hombres incluye las mismas variables que el modelo general, pero sustituye al sexo por la profesión.

Primer modelo de regresión logística con todo el censo electoral

Especificación del modelo de regresión logística utilizado en los cálculos.

Diagnóstico y bondad de ajuste del modelo:

  1. Tamaño muestral: N = 4.394 individuos.
  2. Capacidad explicativa: χ² = 0,2524 (coeficiente de incertidumbre). Este modelo explica aproximadamente el 25,2% de la incertidumbre o variabilidad de los datos, que para un estudio social como éste es considerado un ajuste excelente.
  3. Significación global: La prueba de razón de verosimilitud del modelo completo es altamente significativa la prueba de χ² = 1.354, grados de libertad = 11, p < 0,0001.
  4. Prueba de falta de ajuste: p = 0,655, lo que indica que el modelo no presenta problemas de carencia de ajuste y reproduce adecuadamente los datos observados.

El modelo logístico demuestra que el hábitat, más que ningún otro factor, era el que más poder explicativo tenía a la hora de predecir el analfabetismo. Una vez aislado el efecto del resto de variables, los resultados son concluyentes: residiendo en el propio pueblo daba una posibilidad de estar alfabetizado 4,8 veces superiores a vivir en una pedanía y 13,6 veces superiores a vivir en una masía. Incluso vivir en las pedanías tenía 2,9 veces más posibilidades de estar alfabetizado que vivir en una masía.

Sigue en importancia el sexo. Las posibilidades de estar alfabetizados eran 5,4 veces superiores a la de las mujeres.

Por lo que respecta a la edad por cada año que cumplía una persona, sus probabilidades de estar alfabetizada disminuían un 3,7% (p<0,0001).

En cuarto lugar, de poder predictivo, nos encontramos con el municipio. La tabla 8 muestra la razón de posibilidades entre los pueblos que mostraron diferencias significativas entre ellos. Vivir en Aranyel te daba el doble de posibilidades de estar alfabetizado que si vivías en Vilafermosa, el 90% más que si vivías en el Castillo de Vilamalefa o el 60% más que si vivías en Sucaina. De forma similar sucedía si vivías en Ludiente o si vivías en Cortes de Arenoso.

Estas diferencias se mantenían incluso después de controlar los efectos del sexo, edad y tipo de residencia, lo que indica la existencia de factores municipales específicos asociados a la difusión de la alfabetización. Aunque las diferencias entre municipios existían, son mucho menos relevantes que las derivadas del sexo, edad y, sobre todo, del tipo de residencia.

Por último, que la interacción entre sexo y hábitat sea estadísticamente muy significativa en el caso de las masías beta = -1,073 nos indica que el efecto del territorio no afectaba a todos por igual: la brecha de género cambiaba de manera radical según el tipo de poblamiento. En el núcleo había recursos escolares suficientes para que un tercio largo de las mujeres pudiera aprender a leer y escribir. La brecha de 28 puntos refleja que, a pesar de haber escuela junto a casa, se seguía priorizando la formación del barón.

En las masías la dificultad de desplazamiento no repartió el sacrificio por igual: mientras que 1 de cada 5 hombres de masía logró aprender las primeras letras, la alfabetización de la mujer de masía fue aniquilada (sólo 1 de cada 37 mujeres).

Segundo modelo de regresión logística: hombres jornaleros o campesinos

El segundo modelo tiene por objeto evaluar la incidencia de la categoría socioprofesional en la probabilidad de analfabetismo masculino, circunscrita a las figuras de jornaleros y campesinos. Esta selección responde a las asimetrías detectadas en el análisis univariante previo, donde la tasa de alfabetización alcanzaba el 40,1% entre los jornaleros frente al 34,2% de los campesinos. La submuestra analizada incorpora un total de 612 jornaleros y 1.449 agricultores (N = 2.061).

Especificación del modelo de regresión logística utilizado en los cálculos de ese modelo.

ln ( p 1 − p ) = β0 + β1(Edad) + β2(Municipio) + β3(Hábitat) + β4(Profesión)

Diagnóstico y bondad de ajuste del modelo:

  1. Tamaño muestral: N = 2.061 hombres.
  2. Capacidad explicativa: χ² = 0,154 (15,4% de la incertidumbre o variabilidad de los datos.
  3. Significación global: La prueba de razón de verosimilitud del modelo completo es altamente significativa la prueba de χ² = 413,8, grados de libertad = 9, p < 0,0001.
  4. Prueba de carencia de ajuste: p = <0,0001, lo que indica que el modelo presenta problemas de carencia de ajuste y no reproduce adecuadamente los datos observados.

Pese a la falta de ajuste perfecto, el modelo tiene una sólida capacidad explicativa global, la dirección de los efectos (la fuerte penalización de jornaleros, masías y edad) sigue siendo absolutamente coherente y estadísticamente robusta. Esto indica que, aunque el modelo es útil y estadísticamente relevante, probablemente existen otros factores no incluidos o posibles interacciones que podrían mejorar su especificación.

En este modelo exclusivo de los hombres, de nuevo el hábitat es la variable con mayor peso explicativo del analfabetismo (khi cuadrado más alto). Tanto en las masías como en las pedanías se sufría más analfabetismo que en el núcleo urbano independientemente del municipio, edad y profesión.

El aislamiento de las masías penalizaba gravemente la alfabetización en ambos modelos, pero el coeficiente se atenuaba en los varones. En el primer modelo vivir en el núcleo multiplicaba por 13,6 las posibilidades de alfabetización respecto a vivir en una masía, en el segundo modelo esta relación descendía a 6.

Por lo que respecta a la edad, a medida que ésta se incrementaba, aumentaba la probabilidad relativa de formar parte del grupo de analfabetos. El coeficiente en el modelo de los hombres es prácticamente el mismo que en el modelo global demostrándose que la edad castigaba a ambos sexos de forma similar.

En cuanto a la variable municipal, la tabla 9 recoge las razones de posibilidades (odds ratios, OR), definidas como el cociente de’odds alfabetización de una localidad respecto a la categoría de referencia. Los resultados sitúan a Vilafermosa en la posición más desfavorable: los electores agrarios (pagesos y jornaleros) de Aranyel y Cortes de Arenoso presentaban 2,2 veces más probabilidades de estar alfabetizados que sus homólogos de Vilafermosa. Por otro lado, aunque los valores para el Castillo de Vilamalefa y Sucaina no alcanzan significación estadística por un estrecho margen (p > 0,05), la ventaja estimada en ambos municipios se situaba un 40% por encima del registro de Vilafermosa.

Asimismo, la condición de labrador o jornalero implicaba una exposición desigual al analfabetismo. Los campesinos presentaban un 30% más de probabilidades de estar alfabetizados que los jornaleros (OR = 1,30; p = 0,0382), una diferencia estadísticamente significativa que refleja una mayor vulnerabilidad educativa del proletariado agrícola asalariado.

En síntesis, los resultados indican que la alfabetización estaba condicionada de forma significativa por factores residenciales, de edad y ocupacionales, con un papel especialmente relevante para el lugar de residencia.

Conclusiones principales del estudio

El análisis del nivel de instrucción global pone de manifiesto el gran retraso educativo que sufrieron estos municipios hasta bien entrado el siglo XX. En síntesis, los resultados indican que la alfabetización estaba condicionada de forma significativa por factores territoriales, de edad, sexo y ocupacionales, con un papel especialmente relevante del lugar de residencia.

En la España de 1920, la escolarización infantil era muy irregular, especialmente en el medio rural, debido al absentismo escolar y el abandono de estudios para trabajar en el campo o en otros trabajos. Muchos niños de 11 a 15 años todavía no sabían leer ni escribir, pero aprendían a hacerlo más adelante, ya durante la mitad o final de la adolescencia y primera juventud (16-25 años), a través de escuelas nocturnas, formación laboral o aprendizaje autodidáctico.

Los datos de los censos de 1932 son en todo caso un retrato de la realidad educativa de ese momento. Veníamos de la dictadura de Primo de Rivera. Habíamos visto que el analfabetismo era más común en mitad sur de España y la edad de los individuos se asociaba directamente con el analfabetismo, pero algo común también en todas partes era la menor alfabetización de los electores en los asentamientos periféricos y en las mujeres.

1. El factor territorial: la dispersión como barrera cultural

  • El hábitat, núcleo, pedanía o masía, era el predictor más potente por determinar el nivel de analfabetismo, por encima de cualquier otra variable.
  • Aislamiento geográfico equivalente a analfabetismo: En todos los municipios se repite un patrón escalonado. Las tasas de analfabetismo son más bajas en los núcleos urbanos (entre el 39% y el 61%), se agravan en las pedanías y alcanzan su punto crítico en las masías, donde superan el 85% en todo el territorio (alcanzando el 90,7% en Arany.
  • Una persona que residía en el casco urbano tenía 13,6 veces mayor probabilidad de estar alfabetizado que el que vivía en una masía. Cerca del 45% del electorado total del estudio vivía diseminado en masías.

2. Una brecha de género profunda y estructural

  • El acceso a la cultura escrita en estos pueblos estaba fuertemente marcado por el género: el analfabetismo afectaba al 81,4% de las mujeres frente al 59,2% de los hombres.
    • Los hombres tenían 5,4 veces más probabilidades de estar alfabetizados que las mujeres de igual edad y condición.
    • El caso más extremo de exclusión educativa se daba a las mujeres de las masías, donde el analfabetismo llegaba al 98%. Para las mujeres nacidas a mediados del siglo XIX, el analfabetismo era total.
    • Esta marginación de la mujer se mantuvo constante: la línea del analfabetismo femenino discurre sistemáticamente unos 20 puntos porcentuales por encima masculina en todos los grupos de edad.
    • Prioridad de la escuela masculina: En el contexto rural de aquella época, si las familias podían prescindir de la fuerza de trabajo de un hijo para enviarle a la escuela a aprender a leer, escribir y sumar (habilidades útiles para los negocios agrícolas o el servicio militar), elegían siempre al hijo varón.
    • El rol doméstico femenino: Las niñas asumían tareas domésticas o de cuidado desde muy pequeñas, quedando totalmente excluidas del sistema educativo.
    • En el contexto de la España rural del siglo XIX, enviar a una criatura a la escuela implicaba renunciar al valor del trabajo que este niño dejaba de hacer en el hogar o en el campo.
    • Sustitución del trabajo de cuidado: Las niñas asumían tareas domésticas esenciales, principalmente el cuidado de los hermanos pequeños, la limpieza, la cocina o ir a por agua. Si una niña iba a la escuela, la madre a menudo no podía ir a trabajar al campo o en jornales externos, generando una pérdida inmediata de ingresos para el hogar.
    • Retorno económico nulo o menor: El mercado laboral de la época no remuneraba ni exigía que las mujeres supieran leer o escribir. El salario potencial futuro de una mujer no aumentaba por estar alfabetizada, mientras que en los hombres saber leer o contar podía abrir puertas a trabajos mejor pagados oa la emigración urbana.
    • Percepción del coste-beneficio: Para una familia pobre, el coste de perder la mano de obra diaria de una hija en casa era inmediato y elevado, mientras que el beneficio futuro de escolarizarla era percibido como prácticamente nulo.
    • Cuando las condiciones económicas mejoraban ligeramente, las familias priorizaban asumir el coste de oportunidad de enviar los niños en la escuela (ya que lo veían como una inversión con retorno), pero mantenían las niñas en casa cubriendo las necesidades domésticas.

3. El relieve generacional y el impacto de la edad

  • El analfabetismo estaba estrechamente ligado a la edad: aumentaba de forma paralela en ambos sexos a medida que las personas eran mayores.
    • Por cada año completo, las probabilidades de estar alfabetizado disminuían un 3,71 TP3T. Esto demuestra que había una tímida, pero progresiva escolarización a lo largo de las primeras décadas del siglo XX que beneficiaría a los más jóvenes.

4. El efecto de la profesión (en los hombres)

  • Casi el 100% de las mujeres constaban registradas bajo la categoría de Labores.
  • En el caso de los hombres (donde el 92% eran campesinos o jornaleros), el modelo estadístico confirmó que los jornaleros eran los que más sufrían la falta de instrucción.

5. Singularidades municipales

  • Aranyel y Ludiente destacaban por tener niveles de alfabetización significativamente más elevados que la media de la zona. Además, Aranyel se desmarcaba de la norma porque sólo un 10% de su población vivía en masías.
  • Por el contrario, el Castillo de Vilamalefa y Vilafermosa presentaban probabilidades de alfabetización significativamente inferiores. En estos dos municipios, el patrón de población dispersa en masías era claramente predominante.

Perspectiva histórica: evolución del analfabetismo en España en los últimos ciento sesenta años

La figura 20 ilustra la trayectoria secular del analfabetismo en el Estado español por sexos durante el período 1860-2020. En ambos colectivos se constata una profunda transformación estructural, caracterizada por el paso de unas tasas masivas en la segunda mitad del siglo XIX hasta alcanzar valores residuales —prácticamente testimoniales— en el horizonte de 2020.

Se observa un claro decalaje cronológico, el punto de inflexión o momento de máxima velocidad de descenso alcanzó seis años más tarde a las mujeres (en 1931) que a los hombres (en 1925). Por último, a partir de la segunda mitad del siglo XX, ambas curvas frenan su descenso hasta estabilizarse.

Se observa que la brecha entre mujeres y hombres se reduce notablemente a partir de 1920: pasa de una diferencia de 22,5 puntos porcentuales al 15,6% en 1930 y al 11,2% en 1940. Llama la atención que, a pesar del impacto de la Guerra Civil (1936-1936) década de 1930. Quizás porque La Segunda República apostó por impulsar decididamente, entre otras cosas, la mejora de la instrucción pública.

Tal y como se había constatado en la figura 3 mediante la estructura por edades del censo de 1920, el reemplazo generacional impulsaba una reducción sostenida del analfabetismo, que proyectaba para el año 1984 una tasa residual cercana al 4%. Esta extrapolación ha resultado especialmente precisa: en 1980, la proporción de población analfabeta en España se situaba en el 8% entre las mujeres y en un 4% exacto entre los hombres.

Herramienta interactiva: cálculo de la probabilidad de alfabetización

Estimación de la probabilidad de alfabetización a partir de los datos del censo electoral de 1932 en seis municipios del Alt Millars (primer y segundo modelo de regresión logística, respectivamente).

Estimador de probabilidad: modelo global

Estimador de probabilidad: modelo para jornaleros y campesinos

Calcula la probabilidad de alfabetización

4.394 individuos del censo electoral de 1932

Calcula la probabilidad de alfabetización

2.153 hombres campesinos, jornaleros o artesanos

1 comentario en «C Nivell d’instrucció a sis municipis de l’Alt Millars segons el cens electoral de 1932 #2»

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